La revolución de la IA reconfigura los equipos de marketing hacia perfiles híbridos

La revolución de la IA reconfigura los equipos de marketing hacia perfiles híbridos
En los años recien­tes, a tope con los avan­ces tec­no­ló­gi­cos, hablar de inte­li­gen­cia arti­fi­cial (IA) den­tro de un depar­ta­men­to de mar­ke­ting impli­ca­ba enfo­car­se en la evo­lu­ción de herra­mien­tas indi­vi­dua­les. Enton­ces, las orga­ni­za­cio­nes ana­li­za­ban cómo se ges­ta­ban nue­vas pro­pues­tas para auto­ma­ti­zar anun­cios, sis­te­mas de seg­men­ta­ción o asis­ten­tes de con­te­ni­do. Si bien lo ante­rior con­ti­núa y for­ma par­te de las acti­vi­da­des bási­cas, actual­men­te la IA se per­ci­be mucho más aden­tra­da en las estruc­tu­ras orga­ni­za­cio­na­les, modi­fi­can­do el tra­ba­jo dia­rio.

Ante esta trans­for­ma­ción, cabe plan­tear­se cómo está modi­fi­can­do la IA los depar­ta­men­tos de mar­ke­ting y el per­fil de los pro­fe­sio­na­les del sec­tor. La res­pues­ta rede­fi­ne el eco­sis­te­ma cor­po­ra­ti­vo, pues el valor de un mer­ca­dó­lo­go hoy en día ya no depen­de sola­men­te de su crea­ti­vi­dad ais­la­da, sino de su capa­ci­dad para for­mar equi­po con los algo­rit­mos de la inte­li­gen­cia arti­fi­cial.

El sec­tor del mar­ke­ting vive un cam­bio ace­le­ra­do y pro­fun­do para res­pon­der a las deman­das de la socie­dad actual, y los per­fi­les ope­ra­ti­vos se enca­mi­nan hacia roles híbri­dos que entien­den el nego­cio des­de una pers­pec­ti­va que abar­ca varios fren­tes. Hoy más que nun­ca las mar­cas saben que la efi­cien­cia y el talen­to ya no se miden de la mis­ma mane­ra, y que man­te­ner­se a la van­guar­dia de la indus­tria exi­ge saber cuá­les son las nue­vas res­pon­sa­bi­li­da­des del sec­tor. La IA ya no es solo una herra­mien­ta, sino que está rede­fi­nien­do los equi­pos de mar­ke­ting moder­nos.

Una recon­fi­gu­ra­ción estruc­tu­ral de los equi­pos de tra­ba­jo

Hace ape­nas algu­nos años, incor­po­rar inte­li­gen­cia arti­fi­cial en mar­ke­ting era una deci­sión ais­la­da y algo osa­da. Una empre­sa podía con­tra­tar una pla­ta­for­ma de auto­ma­ti­za­ción de correos elec­tró­ni­cos o uti­li­zar sis­te­mas pre­dic­ti­vos para la pau­ta digi­tal; tam­bién veía­mos chat­bots ope­ran­do sin afec­tar en esen­cia la estruc­tu­ra del depar­ta­men­to. Sin embar­go, hoy todo es dife­ren­te. La IA ha avan­za­do tan­to que su inte­gra­ción en todas las áreas de mar­ke­ting es inne­ga­ble. Está pre­sen­te en la gene­ra­ción de con­te­ni­dos, en el aná­li­sis de com­por­ta­mien­to de mer­ca­do, en la pla­ni­fi­ca­ción de cam­pa­ñas, ela­bo­ran­do pre­su­pues­tos exac­tos y crean­do expe­rien­cias per­so­na­li­za­das que nos hacen replan­tear sobre el camino cómo tra­ba­jan los equi­pos.

Todo esto pro­vo­ca una reor­ga­ni­za­ción inter­na de la que toda­vía se habla poco, por­que hay fun­cio­nes que pier­den peso ope­ra­ti­vo y cier­tas posi­cio­nes adquie­ren mayor rele­van­cia. Esta­mos vien­do una fusión de depar­ta­men­tos en accio­nes auto­ma­ti­za­das por la IA que inte­gran crea­ti­vi­dad, per­for­man­ce, con­te­ni­dos, CRM y ana­lí­ti­ca. Aun­que podría sonar a una inmi­nen­te reduc­ción de per­so­nal, no nece­sa­ria­men­te sig­ni­fi­ca eso. Sig­ni­fi­ca, sobre todo, que aho­ra es pre­ci­so cons­truir equi­pos dis­tin­tos, menos cen­tra­dos en tareas mecá­ni­cas y más enfo­ca­dos en la super­vi­sión, coor­di­na­ción y aná­li­sis ana­lí­ti­co de la ope­ra­ción.

Tareas en pro­ce­so de auto­ma­ti­za­ción den­tro de los depar­ta­men­tos

La auto­ma­ti­za­ción en mar­ke­ting abar­ca la crea­ción de tex­tos, aná­li­sis de audien­cias, seg­men­ta­ción rápi­da de cam­pa­ñas, detec­ción de patro­nes de con­duc­ta, ajus­te de pre­su­pues­tos en tiem­po real y varian­tes crea­ti­vas ins­tan­tá­neas. Las tareas que antes con­su­mían jor­na­das ente­ras aho­ra se resuel­ven par­cial­men­te usan­do mode­los auto­ma­ti­za­dos en estas acti­vi­da­des:

  • Ela­bo­ra­ción ini­cial de con­te­ni­dos.
  • Cla­si­fi­ca­ción de leads.
  • Gene­ra­ción de repor­tes.
  • Prue­bas A/B auto­ma­ti­za­das.
  • Reco­men­da­cio­nes de pau­ta.
  • Aná­li­sis pre­dic­ti­vo de con­ver­sión.
  • Opti­mi­za­ción de timing y fre­cuen­cia de cam­pa­ñas.

Sin embar­go, el pun­to impor­tan­te es enten­der qué deja de tener valor dife­ren­cial para los pro­fe­sio­na­les y qué otras habi­li­da­des hace fal­ta desa­rro­llar a fin de mejo­rar la capa­ci­dad de inter­pre­ta­ción, super­vi­sión y toma de deci­sio­nes. El pro­ble­ma para la gran mayo­ría de las orga­ni­za­cio­nes, si no todas, es que la velo­ci­dad tec­no­ló­gi­ca avan­za más rápi­do que la adap­ta­ción inter­na de los equi­pos. Muchas empre­sas creen que incor­po­rar IA con­sis­te sim­ple­men­te en inver­tir en nue­vas herra­mien­tas en su stack tec­no­ló­gi­co. La reali­dad es que el impac­to real apa­re­ce des­pués, cuan­do des­cu­bren que los pro­ce­sos exis­ten­tes ya no fun­cio­nan igual y urge rede­fi­nir las res­pon­sa­bi­li­da­des.

Por ejem­plo, si una pla­ta­for­ma opti­mi­za cam­pa­ñas de mane­ra autó­no­ma, el rol del espe­cia­lis­ta se des­pla­za de la con­fi­gu­ra­ción manual hacia la inter­pre­ta­ción estra­té­gi­ca. Si la gene­ra­ción de con­te­ni­dos se ace­le­ra median­te IA, la ven­ta­ja com­pe­ti­ti­va no está en pro­du­cir más pie­zas, sino en cons­truir mejo­res narra­ti­vas. En este nue­vo table­ro, vale la pena refle­xio­nar: ¿De qué sir­ve tener al pro­gra­ma­dor más bri­llan­te o al mejor crea­ti­vo de con­te­ni­do si sus depar­ta­men­tos actúan por sepa­ra­do? La IA actúa como un cata­li­za­dor que mue­ve las fron­te­ras entre depar­ta­men­tos que ope­ra­ban de for­ma ais­la­da, mos­tran­do la nece­si­dad de per­fi­les híbri­dos.

Auto­ma­ti­zar no eli­mi­na la nece­si­dad de deci­dir

Exis­te la idea de que la inte­li­gen­cia arti­fi­cial redu­ce la inter­ven­ción huma­na; sin embar­go, en la prác­ti­ca lo que ocu­rre es muy dis­tin­to. Por ejem­plo, muchas deci­sio­nes ope­ra­ti­vas se auto­ma­ti­zan, pero como con­tra­pe­so, aumen­ta la pre­sión sobre las deci­sio­nes más impor­tan­tes de la empre­sa. La IA sugie­re pre­su­pues­tos, iden­ti­fi­ca ten­den­cias o gene­ra varian­tes crea­ti­vas, lo cual sig­ni­fi­ca que nece­si­ta direc­ción para defi­nir sus accio­nes, ya que las pla­ta­for­mas no com­pren­den por sí solas el posi­cio­na­mien­to de una mar­ca, los ries­gos de repu­tación, el con­tex­to cul­tu­ral ni las prio­ri­da­des comer­cia­les. Todo esto requie­re visión huma­na y cri­te­rio pro­fe­sio­nal. Depen­der exce­si­va­men­te de la IA sin una visión cla­ra de nego­cio repre­sen­ta un ries­go crí­ti­co.

El nue­vo gran valor está en saber qué pedir, qué inter­pre­tar y qué prio­ri­zar, por­que el pen­sa­mien­to estra­té­gi­co es el úni­co sal­va­vi­das fren­te a la auto­ma­ti­za­ción masi­va. Las empre­sas bus­can pro­fe­sio­na­les capa­ces de mover­se entre el aná­li­sis de datos, la estra­te­gia de nego­cio, la crea­ti­vi­dad y la eje­cu­ción comer­cial. Se requie­ren per­fi­les que pue­dan inter­pre­tar infor­ma­ción com­ple­ja y tra­du­cir­la en deci­sio­nes accio­na­bles. Esto tras­la­da mayor res­pon­sa­bi­li­dad a posi­cio­nes inter­me­dias, de modo que los mana­gers y coor­di­na­do­res de mar­ke­ting asu­man fun­cio­nes rela­cio­na­das con la inte­gra­ción tec­no­ló­gi­ca y flu­jos auto­má­ti­cos para conec­tar equi­pos crea­ti­vos, áreas comer­cia­les y pro­vee­do­res de tec­no­lo­gía.

Por este moti­vo, la figu­ra del direc­tor de mar­ke­ting tam­bién está suje­ta a revi­sión y cam­bios. Antes se enfo­ca­ba prin­ci­pal­men­te en posi­cio­na­mien­to y comu­ni­ca­ción, pero hoy par­ti­ci­pa acti­va­men­te en la toma de deci­sio­nes de cre­ci­mien­to, ren­ta­bi­li­dad y trans­for­ma­ción digi­tal, con lo cual el mar­ke­ting gana peso en las deci­sio­nes empre­sa­ria­les, influ­yen­do en pro­duc­to, pri­cing, fide­li­za­ción y expan­sión. Con los nue­vos roles y res­pon­sa­bi­li­da­des, el ver­da­de­ro desa­fío con­sis­te en desa­rro­llar pro­fe­sio­na­les capa­ces de conec­tar tec­no­lo­gía con estra­te­gia median­te una for­ma­ción trans­ver­sal.

En con­clu­sión, en un futu­ro muy cer­cano, el mar­ke­ting será  más auto­ma­ti­za­do y exi­gen­te, y quie­nes logren que sus equi­pos actúen en sim­bio­sis con las herra­mien­tas tec­no­ló­gi­cas habrán con­se­gui­do dife­ren­ciar­se con éxi­to en los satu­ra­dos mer­ca­dos de una eco­no­mía cada vez más com­ple­ja.

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