La internacionalización de las empresas chilenas hacia otros mercados de América Latina demanda una detallada comprensión de las dinámicas locales que implica más que la mera cercanía geográfica o lingüística. Un exhaustivo análisis elaborado por la agencia de comunicación estratégica Sherlock Communications advierte que las marcas que buscan ingresar a nuevos países de la región deben enfrentarse a ecosistemas informativos, niveles de confianza y hábitos de consumo sumamente heterogéneos antes de desplegar sus estrategias comerciales o publicitarias.
El punto de partida para este diagnóstico se fundamenta en las cifras del Digital News Report 2026, desarrollado por la agencia de noticias Reuters, el cual evidencia que la credibilidad en los medios de comunicación varía significativamente de una nación a otra. Mientras que en Chile un 36% de las personas encuestadas afirma confiar en las noticias en general (porcentaje muy similar al 37% registrado en Brasil), este índice se reduce al 31% en México y alcanza sus niveles más bajos en Colombia (25%) y Argentina (26%). Paradojalmente, el nivel de desconfianza activa resulta particularmente elevado en países como Colombia (43%), Argentina (39%), Perú (38%), México (36%) y el propio mercado chileno (36%), en un contexto global donde la credibilidad mediática registra mínimos históricos en casi una treintena de mercados analizados.
Frente a estas notorias diferencias, intentar trasplantar sin modificaciones un mensaje que resultó exitoso en el mercado chileno hacia audiencias de México, Colombia, Argentina o Brasil entraña serios riesgos reputacionales y financieros. Al respecto, Patricia Zylberman, directora general de Sherlock Communications, habla sobre la urgencia de abandonar la concepción homogénea del continente: “Existe una tendencia a mirar a América Latina como un solo mercado debido a la cercanía geográfica y a que compartimos características y desafíos. Pero cada país ha construido su propia relación con los medios, las marcas y el consumo digital, y también existen matices y diferencias culturales. El trabajo de localización comienza justamente cuando la empresa comprende estas diferencias”.
Esta adaptación, además de implicar la modificación de modismos o traducción textos, también comprende la manera en que se informa la población en cada territorio. Mientras que en Chile la televisión y las redes sociales compiten estrechamente como canales principales de información, con una diferencia de apenas cuatro puntos porcentuales entre sí, en otras latitudes los hábitos digitales muestran discrepancias notorias. Por ejemplo, el consumo semanal de noticias a través de creadores de contenido o influencers abarca al 28% de los chilenos, mientras que en Colombia esa cifra asciende al 35% y en Perú escala hasta el 39%. En otro frente, adaptar contenidos entre idiomas como el portugués y el español, o inclusive entre variaciones del mismo dialecto hispano, exige atender matices de tono, humor e imaginarios culturales locales.
El costo económico de desatender las características locales queda al descubierto en las conclusiones del estudio Bad Language Report 2024, realizado también por Sherlock Communications. Según este informe, el 77% de los consumidores latinoamericanos encuestados admitió haber dejado de adquirir productos o servicios de firmas internacionales debido a errores comunicacionales evitables, tales como traducciones automáticas deficientes o imágenes incongruentes con el entorno local. Para las compañías que operan mediante comercio electrónico, esta falta de precisión representó pérdidas de 154 dólares estadounidenses en promedio por persona, principalmente porque dichas imprecisiones provocaron que el 45% de los usuarios sospechara que el sitio web era una estafa.
A estas barreras de comunicación se suma la complejidad del calendario político, regulatorio y social de cada país, un factor capaz de alterar de forma drástica el contexto en el que un mensaje es recibido. Durante el año 2026, naciones como Costa Rica, Perú, Colombia y Chile celebraron procesos electorales nacionales, mientras que en Brasil la primera vuelta de las elecciones presidenciales está programada para el 4 de octubre, con una eventual segunda vuelta fijada para el 25 del mismo mes. En tales periodos, el ritmo noticioso cambia por completo, los temas se vuelven hipersensibles y las normativas sobre publicidad imponen restricciones severas, obligando a las marcas a competir directamente por espacio con una agenda política densa y de alta intensidad.
Evaluando los matices de esta complejidad, la agencia Sherlock Communications concluye que una operación regional exitosa no exige rehacer la estrategia desde cero en cada destino, sino comprender cabalmente al público y al mercado de cada región. Mantener el objetivo, el posicionamiento y los mensajes centrales como una base común resulta plenamente compatible con el análisis riguroso del entorno competitivo, los canales prioritarios y los elementos que construyen confianza en cada país antes de definir dónde invertir y qué argumentos requieren mayor adaptación al contexto dentro de la planificación general.