La medición basada en la calidad se consolida como la nueva frontera para optimizar la inversión publicitaria

La medición basada en la calidad se consolida como la nueva frontera para optimizar la inversión publicitaria
En un eco­sis­te­ma publi­ci­ta­rio domi­na­do duran­te años por el cor­to­pla­cis­mo y la bús­que­da de resul­ta­dos inme­dia­tos, el mar­ke­ting se ha incli­na­do por prio­ri­zar el volu­men bru­to de impre­sio­nes por enci­ma de su valor cua­li­ta­ti­vo. Esta diná­mi­ca ha pro­vo­ca­do que el con­tex­to publi­ci­ta­rio y la aten­ción del usua­rio que­den rele­ga­dos a un segun­do plano. Sin embar­go, una corrien­te dife­ren­te, impul­sa­da por exper­tos y orga­ni­za­cio­nes inter­na­cio­na­les, abo­ga por trans­for­mar radi­cal­men­te este mar­co con­cep­tual, pro­mo­vien­do un mode­lo de pla­ni­fi­ca­ción y com­pra de medios estric­ta­men­te cimen­ta­do en la cali­dad real del inven­ta­rio.

Esta pro­pues­ta ha cobra­do un impul­so deci­si­vo tras la publi­ca­ción de un aná­li­sis ela­bo­ra­do por la Coali­tion for Inno­va­ti­ve Media Mea­su­re­ment (Coa­li­ción para la Medi­ción Inno­va­do­ra de Medios, CIMM por sus siglas en inglés). En dicho infor­me, la CIMM defien­de que la lla­ma­da media qua­lity o cali­dad del medio debe dejar de ser con­si­de­ra­da una varia­ble pasi­va de opti­mi­za­ción para con­ver­tir­se en un pilar estruc­tu­ral del mer­ca­do. La tesis de la orga­ni­za­ción sos­tie­ne que la indus­tria debe eva­luar con pre­ci­sión el entorno exac­to don­de se des­plie­ga cada impre­sión publi­ci­ta­ria para deter­mi­nar su pre­cio jus­to y dife­ren­ciar las meras expo­si­cio­nes con resul­ta­dos tibios, de aque­llas que gene­ran un impac­to comer­cial ver­da­de­ra­men­te sig­ni­fi­ca­ti­vo.

La CIMM con­cep­tua­li­za la cali­dad de los medios como el con­jun­to de atri­bu­tos de un empla­za­mien­to que no están vin­cu­la­dos a la iden­ti­dad del usua­rio indi­vi­dual, pero que per­mi­ten pre­de­cir la efi­ca­cia de la pie­za publi­ci­ta­ria. Según el aná­li­sis de la coa­li­ción, este fac­tor se sos­tie­ne en dos dimen­sio­nes prin­ci­pa­les: la Pro­mi­nen­cia del Empla­za­mien­to, que mide la pro­ba­bi­li­dad de que el usua­rio per­ci­ba el anun­cio, y la Recep­ti­vi­dad Con­tex­tual, refe­ri­da a las con­di­cio­nes que favo­re­cen la pre­dis­po­si­ción del entorno. Jun­to a la cali­dad crea­ti­va y la ido­nei­dad de la audien­cia, la cali­dad del medio se eri­ge como uno de los tres moto­res cla­ve para garan­ti­zar la efec­ti­vi­dad de las cam­pa­ñas.

El infor­me advier­te que la cali­dad varía sus­tan­cial­men­te den­tro de un mis­mo canal o for­ma­to, por lo que resul­ta des­acer­ta­do tra­tar­la como una métri­ca fija o pro­me­dia­da. En la pla­ni­fi­ca­ción tra­di­cio­nal, el uso de pro­me­dios agre­ga­dos sue­le enmas­ca­rar dife­ren­cias pro­fun­das de valor, lo que con­du­ce a un ses­go recu­rren­te en el que se sobre­va­lo­ra el inven­ta­rio de baja cali­dad y se infra­va­lo­ran los espa­cios de alta efec­ti­vi­dad. Para corre­gir este des­equi­li­brio, la CIMM afir­ma que inte­grar la cali­dad en la fija­ción de pre­cios per­mi­ti­rá a los anun­cian­tes opti­mi­zar sus pre­su­pues­tos, evi­tan­do des­em­bol­sos exce­si­vos en sopor­tes poco efi­cien­tes y pagan­do en fun­ción de la capa­ci­dad real de gene­rar resul­ta­dos.

Esta reorien­ta­ción se ade­cúa ade­más a las exi­gen­cias de un entorno en trans­for­ma­ción, carac­te­ri­za­do por el boom impa­ra­ble de la inte­li­gen­cia arti­fi­cial en la bús­que­da de infor­ma­ción y por la nece­si­dad de reno­var los mode­los de atri­bu­ción res­pe­tan­do la pri­va­ci­dad del usua­rio. Aun­que el mer­ca­do ya mues­tra seña­les de adap­ta­ción, como lo ates­ti­guan el auge de los mar­ket­pla­ces pri­va­dos y la com­pra pro­gra­má­ti­ca garan­ti­za­da en entor­nos trans­pa­ren­tes y con menor satu­ra­ción, la CIMM con­si­de­ra indis­pen­sa­ble esta­ble­cer defi­ni­cio­nes estan­da­ri­za­das que trans­for­men el con­cep­to de cali­dad aso­cia­do a una apre­cia­ción sub­je­ti­va hacia una métri­ca de efec­ti­vi­dad pre­dic­ti­va.

Para tras­la­dar esta visión a la prác­ti­ca dia­ria, la coa­li­ción pro­po­ne un mar­co de actua­ción estruc­tu­ra­do en tres fases de tra­ba­jo:

  1. Reco­mien­da audi­tar la expo­si­ción actual ana­li­zan­do cam­pa­ñas recien­tes para eva­luar cómo se dis­tri­bu­ye el gas­to según fran­jas hora­rias, tipo de con­te­ni­do y geo­gra­fía.
  2. Ins­ta a intro­du­cir la cali­dad como una varia­ble direc­ta de pre­cios en las deci­sio­nes de com­pra median­te ajus­tes de pujas por con­tex­to.
  3. Enfa­ti­za en la nece­si­dad de inte­grar la cali­dad den­tro de los mode­los de medi­ción avan­za­dos, tales como el Mar­ke­ting Mix Mode­ling (MMM) y las prue­bas de incre­men­ta­li­dad.

Siguien­do estas suge­ren­cias, la indus­tria podrá medir con rigor téc­ni­co no solo si un anun­cio fue entre­ga­do, sino si las con­di­cio­nes del entorno favo­re­cie­ron la memo­ra­bi­li­dad y el éxi­to de la inver­sión.

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