El tercer trimestre de 2026 ha dejado un escenario de claroscuros financieros para Alphabet, la matriz de Google. Por un lado, la compañía incrementó su facturación global en un 25% interanual hasta alcanzar los 102.300 millones de dólares en el periodo comprendido entre julio y septiembre. Sin embargo, las proyecciones iniciales de los analistas apuntaban a unos ambiciosos 127.930 millones de dólares, claramente no alcanzados.
Los ingresos de Google Services, la división que engloba la publicidad, las suscripciones, el contenido digital y el hardware, se elevaron hasta los 96.300 millones de dólares, lo que representa un incremento del 11% en comparación con el mismo periodo del año anterior. Dentro de este segmento, la publicidad aportó 82.000 millones de dólares, una cifra considerable pero insuficiente para llenar las previsiones iniciales del mercado, cifradas en 83.500 millones de dólares.
En contraste con este leve freno, el área de Google Cloud demostró un dinamismo excepcional con un crecimiento del 103% en su facturación, un repunte impulsado en gran medida por el «boom» de la inteligencia artificial. Para sostener este ecosistema tecnológico, Google acometió un gasto de capital de 51.400 millones de dólares, una partida volcada prioritariamente en el desarrollo de infraestructuras asociadas a la IA. El resultado es que este último trimestre, Alphabet obtuvo unos márgenes operativos del 31,8% y unas ganancias por acción de 2,99 dólares, un 26% menos que en el trimestre precedente.
A pesar de los sustanciales avances tecnológicos de la compañía y de la presentación reciente de modelos punteros como Genie 4 y Gemini 4 Carbon, la división que históricamente reporta mayores ingresos a la subsidiaria de Alphabet, la publicidad en las búsquedas, experimentó una ralentización, creciendo apenas un 12% frente al 17% registrado en el trimestre anterior.
Philipp Schindler, Chief Business Officer de Google, atribuyó esta desaceleración a factores cambiantes del mercado global: «Los tipos de cambio adversos y las caídas puntuales de la inversión publicitaria en Asia Pacífico por parte de los anunciantes directamente afectados por la retirada de la denominada exención “de minimis” en el seno de la Unión Europea», la cual eximía de aranceles a los paquetes de valor inferior a 150 euros. Adicionalmente, Schindler enfatizó una transformación en los hábitos de consumo de la plataforma: «Por otro lado, y aun cuando los usuarios de Google utilizan cada vez más el “Modo IA” de su celebérrimo buscador, lo cierto es que allí se abren paso menos anuncios y ello se traduce a la postre en menos ingresos publicitarios para la compañía».
Para neutralizar este impacto financiero, la multinacional planea desplegar un volumen mayor de anuncios tanto en el «Modo IA» como en los «AI Overviews». Según aseveró Schindler, «los tests publicitarios emprendidos en el “Modo IA” están arrojando prometedores resultados». Como parte de esta estrategia, la compañía expandirá por primera vez la publicidad asociada a esta interfaz hacia los mercados internacionales, respaldado por el hecho de que el CTR en los resultados orgánicos y patrocinados del «Modo IA» de Google mantiene actualmente una paridad notable.
En paralelo, Google destacó el auge del comercio agéntico, impulsado por el protocolo Universal Commerce Protocol. Esta herramienta permite en la actualidad que varios cientos de miles de marcas, entre las que figuran Nike, Chevrolet y Tapestry, activen de forma automatizada el «checkout» propulsado por agentes de IA. Finalmente, YouTube consolidó su posición como una de las columnas vertebrales del holding tecnológico, registrando un incremento del 9% en su publicidad trimestral hasta alcanzar los 11.200 millones de dólares entre julio y septiembre de 2026.