1 de cada 5 mayores de 55 años se ha sentido discriminado por su edad, el 60% de ellos en el trabajo

1 de cada 5 mayores de 55 años se ha sentido discriminado por su edad, el 60% de ellos en el trabajo
Con la vuel­ta a la acti­vi­dad tras el verano y el ini­cio de un nue­vo perio­do de pla­ni­fi­ca­ción para muchas orga­ni­za­cio­nes, sep­tiem­bre se pre­sen­ta como un buen momen­to para revi­sar cómo se está ges­tio­nan­do el talen­to y afron­tar una reali­dad cada vez más evi­den­te. Mien­tras la esca­sez de talen­to y el enve­je­ci­mien­to de las plan­ti­llas se con­so­li­dan como dos de los prin­ci­pa­les desa­fíos para su com­pe­ti­ti­vi­dad, el mer­ca­do labo­ral con­ti­núa dejan­do fue­ra a pro­fe­sio­na­les por cues­tio­nes de edad.

Así lo refle­ja el VI Baró­me­tro del Con­su­mi­dor Sénior del Cen­tro de Inves­ti­ga­ción Agein­gno­mics de Fun­da­ción Map­fre, que mues­tra que el 20% de los mayo­res de 55 años se ha sen­ti­do algu­na vez dis­cri­mi­na­do por su edad y que, de estos, 6 de cada 10 (60%) seña­lan el tra­ba­jo y el mer­ca­do labo­ral como el prin­ci­pal foco de eda­dis­mo, por­cen­ta­je que ascien­de al 85% entre los de 55 a 59 años y al 88% entre los de 60 a 64 años.

Esta reali­dad tie­ne impli­ca­cio­nes que van más allá de las opor­tu­ni­da­des labo­ra­les de los pro­fe­sio­na­les sénior. En un con­tex­to mar­ca­do por la difi­cul­tad para cubrir deter­mi­na­dos per­fi­les, pre­ser­var el cono­ci­mien­to crí­ti­co y garan­ti­zar el rele­vo gene­ra­cio­nal, pres­cin­dir del talen­to con mayor expe­rien­cia supo­ne tam­bién per­der cono­ci­mien­to, capa­ci­dad de men­to­ría y expe­rien­cia acu­mu­la­da, acti­vos cada vez más estra­té­gi­cos. A ello se suma un cam­bio de ten­den­cia entre los pro­pios tra­ba­ja­do­res. Aun­que actual­men­te solo el 35% de los mayo­res de 55 años está en acti­vo —con tasas de acti­vi­dad del 78% entre los 55 y los 59 años, del 57% entre los 60 y los 64 y del 12% entre los 65 y los 69, según el V Mapa del Talen­to Sénior del Cen­tro de Inves­ti­ga­ción Agein­gno­mics—, el 30% de ellos afir­ma que le gus­ta­ría com­pa­ti­bi­li­zar empleo y pen­sión una vez alcan­za­da la edad de jubi­la­ción. Este inte­rés aumen­ta has­ta el 48% entre las per­so­nas de 65 a 69 años y alcan­za el 73% entre los mayo­res de 70 años.

Así, mien­tras aumen­ta la dis­po­si­ción de los pro­fe­sio­na­les a seguir apor­tan­do valor, muchas orga­ni­za­cio­nes con­ti­núan des­apro­ve­chan­do ese capi­tal humano. Ante este esce­na­rio, el Cen­tro de Inves­ti­ga­ción Agein­gno­mics reúne ocho reco­men­da­cio­nes para ayu­dar a las empre­sas a adap­tar su estra­te­gia y su ges­tión del talen­to a una reali­dad mar­ca­da por carre­ras pro­fe­sio­na­les más lar­gas, plan­ti­llas diver­sas des­de el pun­to de vis­ta gene­ra­cio­nal y la nece­si­dad de pre­ser­var el cono­ci­mien­to como un acti­vo estra­té­gi­co:

  1. Incor­po­rar la lon­ge­vi­dad a la estra­te­gia empre­sa­rial. El enve­je­ci­mien­to de la pobla­ción y la con­vi­ven­cia de has­ta cua­tro gene­ra­cio­nes en un mis­mo entorno labo­ral ya están modi­fi­can­do la for­ma de tra­ba­jar. Las empre­sas que inte­gren esta reali­dad en su pla­ni­fi­ca­ción esta­rán mejor pre­pa­ra­das para res­pon­der a los cam­bios del mer­ca­do labo­ral, anti­ci­par las nece­si­da­des de talen­to y con­ver­tir la diver­si­dad gene­ra­cio­nal en una ven­ta­ja com­pe­ti­ti­va. Los pri­me­ros pasos para hacer­lo son ana­li­zar la estruc­tu­ra de edad de la plan­ti­lla, pre­ver qué jubi­la­cio­nes afec­ta­rán a pues­tos cla­ve y pre­pa­rar con ante­la­ción el rele­vo, la for­ma­ción de nue­vos per­fi­les y la trans­mi­sión del cono­ci­mien­to.
  2. Con­ver­tir la expe­rien­cia en una ven­ta­ja com­pe­ti­ti­va. El enve­je­ci­mien­to de la pobla­ción no solo obli­ga a incor­po­rar más pro­fe­sio­na­les sénior a las orga­ni­za­cio­nes, sino tam­bién a replan­tear la for­ma en que se ges­tio­na su cono­ci­mien­to. Si las empre­sas con­ti­núan aso­cian­do la inno­va­ción exclu­si­va­men­te con la juven­tud y no crean meca­nis­mos para pre­ser­var la expe­rien­cia acu­mu­la­da, cada sali­da o jubi­la­ción supon­drá una pér­di­da de cono­ci­mien­to, capa­ci­dad, cri­te­rio y memo­ria orga­ni­za­ti­va. El ver­da­de­ro ries­go no es que las plan­ti­llas enve­jez­can, sino no saber apro­ve­char ese cono­ci­mien­to. Para evi­tar­lo, pue­den asig­nar a estos pro­fe­sio­na­les fun­cio­nes de ase­so­ra­mien­to, for­ma­ción o acom­pa­ña­mien­to, con­tar con ellos en pro­yec­tos don­de su expe­rien­cia resul­te espe­cial­men­te valio­sa o adap­tar sus res­pon­sa­bi­li­da­des duran­te las últi­mas eta­pas de su carre­ra.
  3. Pen­sar las carre­ras pro­fe­sio­na­les como un pro­ce­so con múl­ti­ples tran­si­cio­nes. Las tra­yec­to­rias labo­ra­les ya no res­pon­den a un úni­co reco­rri­do ascen­den­te y lineal, sino que deben ser más fle­xi­bles, con cam­bios de rol, apren­di­za­je con­ti­nuo, pau­sas pro­fe­sio­na­les, rein­cor­po­ra­cio­nes y jubi­la­cio­nes pro­gre­si­vas. Ofre­cer opor­tu­ni­da­des de reci­cla­je, movi­li­dad inter­na o nue­vas eta­pas pro­fe­sio­na­les per­mi­ti­rá apro­ve­char el talen­to duran­te más tiem­po.
  4. Favo­re­cer el apren­di­za­je entre gene­ra­cio­nes. Los equi­pos obtie­nen mejo­res resul­ta­dos cuan­do la expe­rien­cia con­vi­ve con nue­vas capa­ci­da­des y for­mas de tra­ba­jar. La cola­bo­ra­ción entre gene­ra­cio­nes no con­sis­te úni­ca­men­te en que los pro­fe­sio­na­les sénior trans­mi­tan su expe­rien­cia, sino en crear espa­cios de inter­cam­bio que bene­fi­cien tan­to a los pro­fe­sio­na­les con mayor tra­yec­to­ria como a los más jóve­nes. Para ello, las empre­sas pue­den impul­sar pro­gra­mas de men­to­ría bidi­rec­cio­nal, equi­pos de tra­ba­jo mul­ti­ge­ne­ra­cio­na­les, gru­pos inter­nos en los que com­par­tir cono­ci­mien­tos y casos de éxi­to y resol­ver pro­ble­mas, así como ini­cia­ti­vas de acom­pa­ña­mien­to que faci­li­ten la trans­fe­ren­cia de cono­ci­mien­to y el apren­di­za­je mutuo.
  5. Revi­sar los ses­gos aso­cia­dos a la edad. Aso­ciar inno­va­ción, pro­duc­ti­vi­dad o capa­ci­dad de adap­ta­ción exclu­si­va­men­te con la juven­tud limi­ta el poten­cial de las orga­ni­za­cio­nes. Por ello, las deci­sio­nes de selec­ción, pro­mo­ción o for­ma­ción deben basar­se en las capa­ci­da­des de las per­so­nas y no en este­reo­ti­pos vin­cu­la­dos a la edad. Para avan­zar en esta direc­ción, las orga­ni­za­cio­nes pue­den revi­sar los cri­te­rios uti­li­za­dos en la con­tra­ta­ción, la pro­mo­ción, la eva­lua­ción del desem­pe­ño, el acce­so a la for­ma­ción o la asig­na­ción de nue­vos pro­yec­tos, esta­ble­cer indi­ca­do­res obje­ti­vos y for­mar a los res­pon­sa­bles para iden­ti­fi­car y corre­gir posi­bles ses­gos.
  6. Adap­tar las polí­ti­cas de per­so­nas a dife­ren­tes momen­tos vita­les. La ges­tión del talen­to debe con­tem­plar que las nece­si­da­des de cada indi­vi­duo cam­bian a lo lar­go de la vida pro­fe­sio­nal, incor­po­ran­do medi­das de fle­xi­bi­li­dad, bien­es­tar y con­ci­lia­ción que res­pon­dan a situa­cio­nes como el cui­da­do de fami­lia­res, las enfer­me­da­des cró­ni­cas o el des­gas­te aso­cia­do a carre­ras labo­ra­les más lar­gas.
  7. Pre­pa­rar a los líde­res para ges­tio­nar equi­pos más diver­sos. El lide­raz­go debe­rá evo­lu­cio­nar para inte­grar gene­ra­cio­nes con expec­ta­ti­vas, expe­rien­cias y for­mas de tra­ba­jar dife­ren­tes. Para ello, los res­pon­sa­bles de equi­pos debe­rán desa­rro­llar habi­li­da­des para favo­re­cer la cola­bo­ra­ción entre gene­ra­cio­nes, pre­ve­nir con­flic­tos y crear entor­nos don­de el apren­di­za­je con­ti­nuo for­me par­te de la cul­tu­ra orga­ni­za­ti­va. Las empre­sas pue­den avan­zar median­te for­ma­ción en lide­raz­go inclu­si­vo, comu­ni­ca­ción inter­ge­ne­ra­cio­nal y pre­ven­ción del eda­dis­mo, incor­po­ran­do ade­más obje­ti­vos de diver­si­dad gene­ra­cio­nal a la eva­lua­ción de los man­dos.
  8. Pro­te­ger el cono­ci­mien­to crí­ti­co de la orga­ni­za­ción. La expe­rien­cia acu­mu­la­da duran­te déca­das cons­ti­tu­ye uno de los prin­ci­pa­les acti­vos de cual­quier empre­sa. Por eso, cada jubi­la­ción supo­ne el ries­go de per­der expe­rien­cia, cri­te­rio y memo­ria orga­ni­za­ti­va. Ante esta reali­dad, las empre­sas deben ser capa­ces de iden­ti­fi­car ese cono­ci­mien­to e implan­tar pro­gra­mas de trans­fe­ren­cia del cono­ci­mien­to o acom­pa­ña­mien­to entre pro­fe­sio­na­les inter­ge­ne­ra­cio­na­les. Para ello, debe­rán detec­tar qué pues­tos con­cen­tran cono­ci­mien­tos esen­cia­les, docu­men­tar los prin­ci­pa­les pro­ce­sos y apren­di­za­jes, pla­ni­fi­car los rele­vos con ante­la­ción y esta­ble­cer un perio­do de tra­ba­jo con­jun­to entre quien deja una fun­ción y quien asu­mi­rá sus res­pon­sa­bi­li­da­des.

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