El avance de la automatización profesional implica mucho más que el mero ahorro de tiempo. El estudio global de las firmas GoTo y Workplace, titulado Intelligence The Pulse of Work in 2026: Opportunity, Risk, and Responsibility in an AI-Driven Workplace (El pulso del trabajo en 2026: Oportunidades, riesgos y responsabilidad en un lugar de trabajo impulsado por la IA), revela matices que llaman a reflexionar sobre el impacto de la inteligencia artificial. Si bien la tecnología ahorra a los empleados más de dos horas diarias, también existe en ellos una silenciosa crisis de confianza y una sobredependencia que amenaza el capital intelectual empresarial. Este desequilibrio es un desafío inaplazable para las organizaciones, evidenciando que la mayoría no se encuentran preparadas para enfrentar los riesgos derivados de una adopción acelerada de la IA y sin directrices claras.
La erosión de las capacidades y la crisis de la Generación Z
El informe internacional, sustentado en la consulta a 2.500 profesionales, expone una preocupante pérdida de fe de los trabajadores en sus capacidades. En términos generales, el 50% de los empleados entrevistados confiesan que confían en exceso en la IA en el desempeño de su trabajo. El escenario se torna aún más complejo al analizar la dependencia operativa: un 30% admite que no puede prescindir de esta tecnología para realizar satisfactoriamente las tareas inherentes a su puesto.
Tal situación genera consecuencias cognitivas graves. Según el estudio, el 39% de los empleados considera que su sobredependencia de la IA está erosionando sus capacidades y, en consecuencia, haciéndoles menos inteligentes. Esta proporción escala hasta el 46% en el caso de la Generación Z, quienes ven comprometido su pensamiento crítico.
Presión corporativa y el mal uso de la tecnología
El estudio esgrime la idea de que este comportamiento responde a una atmósfera de alta exigencia corporativa. El 60% de los empleados se sienten presionados a utilizar herramientas de IA para ser más productivos, independientemente de si la tarea lo requiere o no. Sin formación adecuada ni directrices claras, esta presión deriva en hacer un mal uso de esta tecnología.
Los números lo señalan claramente: el 70% de los empleados reconocen haber empleado la IA para tareas de naturaleza sensible, tomar decisiones que habrían requerido inteligencia emocional y ejecutar acciones que involucraban información confidencial. En estas áreas el juicio humano es irremplazable y los errores podrían salir potencialmente más caros. El problema se agrava velozmente según transcurre el tiempo, pues hace un año el porcentaje de trabajadores que declaraba un mal uso de la IA era de 54%.
El impacto del “AI workslop” en la eficiencia real

De la misma forma en que el «AI slop» o basura digital está contaminando gravemente la red de redes, el denominado «AI workslop» o trabajo basura está causando estragos en los entornos laborales. El 43% de los trabajadores dicen haber utilizado con fines profesionales contenido generado con IA aun sospechando que este era de baja calidad o contenía errores.
No sorprende entonces que el 77% de los empleados confiese que revisar el trabajo generado con IA lleva más tiempo que revisar el trabajo realizado por personas de carne y hueso. Además, el 66% de los trabajadores padece tener que trabajar sobre el contenido generado con IA de sus colegas, ya que el mismo se traduce en tareas extra. El resultado es que la eficiencia de la IA termina diluyéndose por el flujo masivo de tareas ejecutadas con esta tecnología que necesitan ser revisadas.
Desconexión entre la fuerza laboral y los líderes de IT
Del informe se deduce que existe una fuerte desconexión entre los empleados y los líderes a la hora de utilizar la IA. El 84% de los empleados señala que su empleador podría hacer mucho más para promover un uso responsable de la IA, pero únicamente el 48% de los líderes del área IT comparte este parecer.
Resulta igualmente preocupante que solo el 44% de los líderes IT confirmen que su empresa dispone de una política clara en lo referente al uso de la IA. Y, en las empresas que cuentan con una política que se ocupa de este tema, el 77% de los empleados observa que se necesita hacer mejoras. En esta línea, el 80% de los trabajadores y el 60% de los ejecutivos de IT admiten que la mayor parte de los trabajadores no están adecuadamente entrenados para hacer un uso pertinente de la IA.
Un desafío que requiere nuevos modelos a seguir
En conclusión, el uso inapropiado de la IA no es un problema tecnológico ni generacional ni tampoco es un reto que pueda autorregularse a medida que evolucione esta tecnología. Si los empleados la utilizan mal no se debe a pereza ni falta de confianza, sino porque les ha sido entregada una herramienta muy potente y compleja sin el contexto ni la capacitación necesaria, exigiéndoles además que generen resultados.
Para empezar a hacer frente al problema se necesitan políticas enfocadas por completo en la IA, acompañadas de formación adecuada. La segunda prioridad es la inversión empresarial en habilidades 100% humanas como el pensamiento creativo y la inteligencia emocional. Por último, los líderes deberían convertirse en modelos a seguir en el uso responsable de la IA dentro de las empresas para guiar a sus equipos y asegurar lo más posible que la tecnología complemente el intelecto humano.
