El mundo de la publicidad y el marketing se enfrenta a un dilema constante entre la audacia de la revolución y la cautela de la evolución. Un reciente análisis sobre la relación entre agencias y marcas señala que, aunque la idea de un cambio radical es seductora, el verdadero éxito a largo plazo reside en la capacidad de guiar a las empresas a través de pasos planificados. Este enfoque es toda una filosofía que prioriza la confianza, el respeto mutuo y la comprensión de las necesidades del cliente.
El miedo al fracaso es una emoción universal, pero para una marca, un error puede ser fatal. Por todo ello, en un contexto de incertidumbre económica, donde las previsiones de mercado fluctúan y el comportamiento del consumidor es impredecible, las empresas tienden a ser especialmente reacias al riesgo. Se aferran a la mentalidad de «si no está roto, no lo arregles», evitando cambios drásticos en su identidad, producto o packaging.
Para las agencias, esta aversión al riesgo plantea un desafío. La tentación de proponer una campaña impactante, un rediseño audaz o una colaboración emblemática es fuerte, ya que la revolución es, por naturaleza, emocionante. Sin embargo, como señala el análisis, “el cambio por el cambio mismo es el peor tipo de cambio”. Mientras que los críticos de diseño pueden aplaudir una transformación radical, los profesionales con experiencia saben que el verdadero valor reside en la evolución. Guiar a un cliente hacia un cambio audaz, pero responsable, es la verdadera prueba de la habilidad de una agencia.
Estrategias para una colaboración exitosa
El quid de la cuestión para una asociación exitosa entre agencia y marca reside en la capacidad de un equipo creativo para actuar como el capitán de un gran barco, realizando pequeños ajustes deliberados que, con el tiempo, conducen a la marca hacia una relevancia renovada. Para lograrlo, la propuesta trae una serie de principios esenciales:
- Dejar el ego en la puerta: La primera interacción entre una agencia y un nuevo cliente es fundamental. A pesar de tener una trayectoria brillante, el creativo debe recordar que la confianza se construye desde cero. Un enfoque arrogante o un tira y afloja inicial solo generan tensión y nublan el juicio. Es crucial cultivar una conexión profunda y demostrar una comprensión genuina del negocio y los desafíos del cliente. El profesional debe dejar a un lado lo que sabe de sí mismo y concentrarse en “lo que necesita aprender y comprender de ellos para descubrir algo especial”.
- Descubrir lo que el cliente realmente necesita: Un error común es asumir que se conoce la solución antes de comprender el problema. En lugar de proponer ideas genéricas que no resuelven la raíz del problema, la agencia debe averiguar qué le aflige al cliente y a sus superiores. La honestidad y la transparencia son esenciales en esta etapa. Al preguntar directamente qué les preocupa, la agencia puede evitar proponer ideas ineficaces y enfocarse en soluciones reales. Y, aunque algunos clientes pueden asustarse con la idea de un cambio significativo, la agencia debe distinguir entre un cambio “aterrador/emocionante/inspirador” y uno “aterrador/erróneo/irresponsable”.
Recorrer el viaje juntos: La colaboración debe estar cimentada en el respeto mutuo. La agencia no debe tomar las riendas de manera dictatorial, sino guiar al cliente hacia la decisión correcta, proporcionando argumentos sólidos y razonados. Este es un proceso colaborativo que exige priorizar la participación del cliente, ampliando la conversación y analizando a fondo sus necesidades. “El mejor trabajo empieza con confianza y empatía”, y es responsabilidad de la agencia liderar con respeto, generar esa confianza y demostrar una comprensión real de lo que se requiere para hacer un trabajo bien hecho.
- Valorar cada detalle: Aunque la idea de una transformación radical es emocionante para cualquier diseñador, hay un tipo de orgullo distinto en el trabajo artesanal, en el “cariño que se le da a los cambios más pequeños e intencionados”. Para una marca que no está lista para un cambio drástico, la agencia tiene la oportunidad de centrarse en la “magia de los detalles”. La maestría no está en el tamaño del cambio, sino en la perfección con la que se ejecuta. Si un cliente solo está dispuesto a avanzar del punto 1 al 1,5 en una escala de 5, el trabajo de la agencia es asegurarse de que sea el “mejor 1,5 que jamás haya visto”.
En la práctica, un trabajo bien hecho en un contexto de evolución puede no ser notado por el público externo, pero habrá cumplido su objetivo: resolver un problema real, fortalecer la colaboración con el cliente y sentar las bases para una relación duradera. El éxito no se mide solo en premios o reconocimientos, sino en el conocimiento de que se hizo lo correcto: por la marca, por su negocio y por el futuro que se está ayudando a forjar. La evolución, más que la revolución, es el camino más seguro y sostenible hacia la excelencia.