El Gobierno del Reino Unido ha marcado un punto de inflexión en la política sanitaria global con la entrada en vigor de una normativa que prohíbe de forma estricta la publicidad de alimentos y bebidas con alto contenido en grasas, sal y azúcares (HFSS, por sus siglas en inglés) en un horario definido.

Desde las primeras horas del lunes 5 de enero, ha quedado restringida la emisión de anuncios de la denominada «comida basura» en la televisión nacional en la franja horaria comprendida entre las 5:30 y las 21:00 horas. Simultáneamente, la normativa impone un veto total a la publicidad pagada de estos productos en plataformas digitales y redes sociales, eliminando la presencia de incentivos alimentarios poco saludables en el entorno digital, donde los menores pasan una parte significativa de su tiempo.
Un compromiso con la salud y el futuro
La decisión del Ejecutivo británico se fundamenta en un sólido cuerpo de evidencia científica que demuestra que la exposición constante a la publicidad moldea de manera determinante las preferencias alimentarias de los niños. Por ello, al restringir este tipo de anuncios publicitarios, el Gobierno busca romper el vínculo directo entre el marketing agresivo y el consumo de productos que contribuyen al desarrollo de enfermedades crónicas desde edades tempranas.
Según las proyecciones técnicas del Departamento de Salud y Asistencia Social, se estima que esta intervención eliminará hasta 7.200 millones de calorías de las dietas infantiles anualmente. En términos de impacto poblacional, se prevé que la medida reduzca en 20.000 el número de niños que conviven con la obesidad en el país, lo que se traducirá en un ahorro y beneficio económico para el sistema de salud de aproximadamente 2.000 millones de libras a largo plazo.
Cifras de una emergencia sanitaria silenciosa
La implementación de esta ley responde a una realidad estadística alarmante. En Inglaterra, el 22,1% de los niños comienzan su educación primaria con sobrepeso u obesidad, una cifra que escala hasta el 35,8% al finalizar dicha etapa escolar. Por si fuera poco, el impacto de las dietas ricas en azúcares ha provocado que la caries dental se convierta en la principal causa de hospitalización en niños de entre 5 y 9 años en el Reino Unido.
La Ministra de Salud, Ashley Dalton, apuntaló la trascendencia de la medida durante la presentación oficial del nuevo marco regulatorio: «Al restringir los anuncios de comida basura y prohibir la publicidad pagada en línea, podemos eliminar la exposición excesiva a alimentos poco saludables. Nuestra prioridad es hacer que la opción saludable sea la opción más fácil para padres e hijos, garantizando que el entorno en el que crecen nuestros jóvenes fomente su bienestar en lugar de comprometerlo».
Colaboración industrial y excepciones
A pesar de la prohibición, la normativa contempla matices importantes. La restricción se centra específicamente en la exhibición de productos no saludables (aquellos con altos niveles de azúcar, sal o grasas saturadas). No obstante, las empresas de restauración rápida y marcas de alimentación podrán continuar realizando publicidad institucional o de marca, siempre que no muestren los productos específicos catalogados como perjudiciales dentro del perfil nutricional regulado.
En este contexto, la Federación de Alimentos y Bebidas (FDF) ya manifestó desde octubre pasado su compromiso voluntario para la transición hacia este nuevo escenario. El Gobierno espera que, al igual que ocurrió con el impuesto a las bebidas azucaradas, esta presión regulatoria impulse a los fabricantes a reformular sus productos, buscando alternativas con mejores perfiles nutricionales para poder acceder nuevamente a los espacios publicitarios de gran audiencia.
Con este paso, el Reino Unido se posiciona como un referente internacional en la intervención de salud pública, apostando por un cambio sistémico que prioriza la protección del menor frente a los intereses comerciales de la industria de ultraprocesados.