La publicidad tradicional, basada en promesas aspiracionales y figuras heroicas que pretenden solucionar los problemas del planeta, ha dejado de surtir efecto en el segmento más dinámico del consumo actual. La denominada Generación Z, integrada por aquellos nacidos entre 1996 y 2010, ya representa aproximadamente el 40% del mercado global y está enviando un mensaje disruptivo a los consejos de administración: no quieren lecciones de moral, quieren acompañamiento real.

Esta es una de las conclusiones principales del Estudio Más Allá de la Z – Marcas con Valores 2026, una minuciosa investigación impulsada por la consultora 21gramos. El informe, publicado en el marco del Día Mundial del Consumo Responsable que se celebra este 15 de marzo, cumple una década analizando la evolución del consumo consciente en España. En esta edición, el análisis escudriña en la psique de una generación que, a pesar de estar saturada por la tecnología y la incertidumbre social, mantiene una predisposición sorprendente a confiar en las empresas, siempre y cuando estas abandonen su fachada de infalibilidad.
Marta González-Moro, fundadora de 21gramos e impulsora del estudio, afirma que para estos jóvenes el acto de compra ha trascendido el intercambio comercial para convertirse en una declaración de principios. Según explica, “el consumo no es solo una transacción, también es una forma de participar en la sociedad. La Generación Z está pidiendo a las marcas, pero también a la ciudadanía, algo muy claro: más coherencia, cercanía, empatía y acompañamiento en la construcción de un futuro que hoy sienten incierto”.
Radiografía de una generación ambivalente
El estudio desmonta los estereotipos que suelen simplificar a la Generación Z como un bloque monolítico de activistas o, por el contrario, de consumidores impulsivos. La realidad es mucho más compleja y está signada por una tensión constante entre los valores éticos y la necesidad de pertenencia. Aunque un apabullante 70% asegura que solo compra lo que necesita y muestra una fina sensibilidad hacia el impacto socioambiental, su comportamiento cotidiano sigue atrapado en la cultura digital, donde la gratificación inmediata y la presión de las redes sociales son la tónica permanente.
Para entender mejor esta ambivalencia, la investigación clasifica a los jóvenes en dos grandes ejes. El primero mide su coherencia ética, dividiéndolos en consecuentes (consumo ético), conscientes (aspiran a la sostenibilidad pero no siempre la alcanzan) y reticentes. El segundo eje analiza su vínculo emocional con el mercado, identificando a los optimistas, los dilemáticos (aquellos que sufren contradicciones constantes) y los descreídos, que muestran un desinterés máximo hacia cualquier mensaje corporativo.
Un dato revelador es que el 7% de los “Zetas” se declara optimista, una cifra superior al 4% registrado en la ciudadanía general. Esto sugiere que, lejos de ser cínicos, los jóvenes tienen un anhelo genuino de encontrar marcas que reflejen sus valores. De hecho, el 86% de estos optimistas se esfuerza por ser consecuente en su consumo para contribuir a un futuro más promisorio. Este deseo de cambio está anclado en un sentimiento colectivo: el 70% de los jóvenes cree que recuperar la esperanza compartida sería el mayor logro social de nuestra época.
El fin de las marcas “heroínas”
A pesar de esta apertura al diálogo, la Generación Z es implacable con la falta de autenticidad. El 72% de los encuestados asegura querer conocer todo sobre las empresas para caminar a su lado, pero exigen que se archive el lenguaje épico. La estadística es demoledora: siete de cada diez jóvenes no otorgan credibilidad a las marcas que aseguran estar “salvando el mundo”. Prefieren la vulnerabilidad y la honestidad por encima de la perfección impostada.
Esta demanda de humanidad se traslada también al terreno de la tecnología. En un mundo donde la inteligencia artificial (IA) parece dominarlo todo, los jóvenes marcan un límite al discurso. Un sorprendente 77% prefiere ser atendido por una persona “imperfecta” antes que por un sistema automático. Además, el 60% confiesa sentir que las redes sociales les roban bienestar y energía, a pesar de que siguen siendo su principal fuente de información. Existe, por tanto, una conciencia clara sobre los riesgos de la deshumanización digital.
Un ecosistema de colaboración académica y empresarial
La relevancia de este informe se sustenta también en su metodología, ya que ha sido un “estudio sobre jóvenes hecho por jóvenes”. Para su desarrollo, 21gramos ha colaborado estrechamente con instituciones académicas de gran prestigio, como TeamLabs, la Universidad Pontificia de Comillas ICADE, y la Universidad Complutense de Madrid (UCM).
Además, el proyecto ha contado con el respaldo de un ecosistema diverso de organizaciones que incluye a la Asociación de Marketing de España (AMKT), Corporate Excellence, Leroy Merlin, Hijos de Rivera, Quirónsalud, Ecoembes y el itdUPM, entre otros. Entidades como B Lab Spain, el Foro de Marcas Renombradas y Forética también han sumado su apoyo para validar una investigación que utiliza series históricas de datos recogidas desde 2018.
El reto para las marcas en este 2026 es mayúsculo. La transición de las love brands (marcas amadas) hacia las good brands (marcas que hacen el bien) exige una transparencia total. Las empresas que logren sobrevivir a este cambio de paradigma serán aquellas que entiendan que su papel no es liderar desde un pedestal, sino integrarse de forma armónica y honesta en la vida de una generación que valora la verdad por encima del espectáculo.