El cierre del año 2025 ha dejado una estela poco luminosa en la economía doméstica de los hogares chilenos. Tras un periodo marcado por la volatilidad global y ajustes internos, los consumidores en Chile se enfrentan a un panorama financiero de alta complejidad. Según los hallazgos del más reciente Estudio Consumer Pulse T4 2025, elaborado por la compañía global de información y conocimientos TransUnion, el optimismo que caracterizaba las proyecciones de los ciudadanos se ha opacado, dando paso a una postura de marcada neutralidad y mucha prudencia.

El informe, que analiza trimestralmente los cambios en las finanzas de los hogares y las expectativas de consumo, arroja datos que reflejan más dudas que confianza en la macroeconomía del país. Durante el último trimestre de 2025, el optimismo sobre las finanzas personales para el próximo año cayó tres puntos porcentuales, situándose en un 64%. En otro aspecto evaluado, el sentimiento de “neutralidad” subió hasta el 22%, lo que los analistas interpretan como un repliegue preventivo ante un entorno que no termina de despejar sus principales amenazas: la inflación, la inestabilidad del empleo y las fluctuaciones en las tasas de interés.
La inflación omnipresente
A pesar de los esfuerzos por contener los precios, la inflación en los bienes de uso cotidiano se mantiene como la piedra angular de las preocupaciones en el país. El 72% de los encuestados la sitúa entre sus tres mayores inquietudes, lo que representa un incremento de dos puntos respecto al mismo periodo del año anterior. A este factor se suma el temor por el mercado laboral; la preocupación por el empleo escaló cuatro puntos hasta alcanzar el 60% de la muestra.
El escenario de ingresos tampoco invita al entusiasmo. El estudio destaca que para el 73% de los hogares chilenos, las entradas de dinero disminuyeron o se mantuvieron estancadas durante el último tramo del año. Esta parálisis económica ha provocado que más de un tercio de la población (35%) manifieste el temor de incumplir al menos una de sus obligaciones financieras en los meses venideros, una cifra que ha crecido siete puntos porcentuales en comparación con los datos de 2024.
Para intentar mitigar este riesgo de impago, los chilenos están diseñando estrategias de supervivencia financiera. Un 34% planea realizar pagos parciales de sus deudas, un 30% busca activamente trabajos adicionales por encargo (la denominada “economía de bolos” o gig economy) y un 28% se verá obligado a echar mano de sus ahorros personales para cubrir gastos corrientes.
Juan Pablo Muñoz, gerente general para Chile en TransUnion, contextualiza estos resultados dentro de la coyuntura nacional: “La economía chilena se encontraba en una fase de recuperación cautelosa durante el último trimestre de 2025, en un momento en el que el PIB se contrajo ligeramente, la inflación se moderó y el banco central redujo su tasa de política monetaria”. Según el directivo, estos indicadores dan las claves para entender el comportamiento actual del consumidor. “Estos factores ayudan a explicar por qué los consumidores son más cautelosos que hace un año. Las persistentes preocupaciones sobre la inflación, el empleo y las tasas de interés, en un contexto en el que muchos ingresos de los hogares se mantienen estancados, subrayan la importancia del acceso al crédito y de una gestión financiera activa”, afirma Muñoz.
Luces y sombras del crédito y la seguridad digital
Un aspecto positivo que resalta el informe es la madurez que están adquiriendo los chilenos respecto a su salud crediticia. El 84% de los consumidores considera que el monitoreo de su historial de crédito es fundamental. Sin embargo, las razones para hacerlo han cambiado: ya no se busca tanto acceder a nuevas ofertas promocionales (que cayeron al 28% de interés), sino protegerse contra el fraude (24%) y verificar que la información reportada sea precisa (22%).
No obstante, esta conciencia sobre el crédito no termina de trasladarse con la misma convicción al ámbito de la ciberseguridad. El reporte de TransUnion advierte sobre una brecha peligrosa en la percepción del riesgo digital. Aunque el 15% de los chilenos sabe que su información personal fue expuesta en filtraciones de datos, la proactividad para protegerse ha disminuido. Solo el 52% cambió sus contraseñas tras una vulneración y apenas un 7% optó por congelar su crédito como medida de seguridad.
Llama la atención el aumento de la inacción: un 25% de los encuestados admitió no haber tomado ninguna medida preventiva ante las amenazas digitales. Los motivos citados son preocupantes por su trasfondo psicológico, ya que el 27% comunica sentir incertidumbre sobre qué hacer y un 15% se reconoce directamente “abrumado” por la complejidad de la seguridad en línea.
Ajuste en el cinturón del consumo
Finalmente, los planes de gasto para el inicio de 2026 confirman la tendencia al ahorro. El 47% de los chilenos espera recortar sus gastos discrecionales, como ocio, viajes o cenas fuera de casa, y un 44% planea postergar compras de alto valor, como electrodomésticos o vehículos. Este enfriamiento del consumo interno es una respuesta directa a la necesidad de priorizar los gastos básicos en un entorno donde el costo de la vida sigue siendo el principal desafío para la clase media y los sectores más vulnerables del país.
En definitiva, Chile ha cerrado el 2025 con una ciudadanía que, si bien entiende que es importante gestionar su crédito y participar en la economía digital, lo hace con una mano en el bolsillo y las expectativas aguardando que la moderación de la inflación se traduzca, al fin, en un alivio real para el presupuesto familiar.