El ocaso del metaverso: Meta recorta su estructura y fía su futuro a la Inteligencia Artificial

El ocaso del metaverso: Meta recorta su estructura y fía su futuro a la Inteligencia Artificial
Lo que comen­zó en 2021 como una de las apues­tas más auda­ces y cos­to­sas en la his­to­ria de la tec­no­lo­gía moder­na pare­ce haber lle­ga­do a un pun­to de quie­bre defi­ni­ti­vo. El entu­sias­mo por el meta­ver­so, aque­lla pro­me­sa de una exis­ten­cia para­le­la en mun­dos vir­tua­les, ha sido eclip­sa­do por el impac­to sís­mi­co de la inte­li­gen­cia arti­fi­cial gene­ra­ti­va. Aho­ra la indus­tria, lide­ra­da por gigan­tes como Meta, ha comen­za­do a des­man­te­lar la infra­es­truc­tu­ra de una visión que, aun­que gran­di­lo­cuen­te en el papel, no logró resis­tir el cho­que con la reali­dad eco­nó­mi­ca y social.

El aná­li­sis de este fenó­meno reve­la que, aque­llo que en 2021 fue pre­sen­ta­do como el futu­ro de la inter­ac­ción huma­na en for­ma de una red de mun­dos vir­tua­les inter­co­nec­ta­dos para tra­ba­jar, socia­li­zar y vivir, ha que­da­do rele­ga­do fren­te al avan­ce ace­le­ra­do de la inte­li­gen­cia arti­fi­cial gene­ra­ti­va. Este cam­bio de rum­bo es una res­pues­ta de super­vi­ven­cia ante una adop­ción masi­va que nun­ca lle­gó y una san­gría finan­cie­ra que ha pues­to a prue­ba la pacien­cia de los mer­ca­dos glo­ba­les.

La fac­tu­ra del sue­ño vir­tual

Meta, que inclu­so cam­bió su iden­ti­dad cor­po­ra­ti­va para sim­bo­li­zar su com­pro­mi­so con esta fron­te­ra tec­no­ló­gi­ca, es hoy el prin­ci­pal refe­ren­te de este vira­je estra­té­gi­co. A pesar de los esfuer­zos por posi­cio­nar la reali­dad vir­tual y aumen­ta­da como el siguien­te gran sal­to tras el inter­net móvil, los esta­dos finan­cie­ros de su divi­sión espe­cia­li­za­da, Reality Labs, pre­sen­tan un pano­ra­ma catas­tró­fi­co. Des­de el año 2020, esta uni­dad de nego­cio ha acu­mu­la­do pér­di­das que supe­ran los 73.000 millo­nes de dóla­res.

La deba­cle de estos núme­ros rojos se ha inten­si­fi­ca­do en los infor­mes más recien­tes. Solo en el ter­cer tri­mes­tre de 2025, Reality Labs regis­tró pér­di­das por valor de 4.400 millo­nes de dóla­res, una cifra alar­man­te si se com­pa­ra con los ingre­sos de ape­nas 470 millo­nes gene­ra­dos en el mis­mo perio­do. Este gran bache eco­nó­mi­co ha ero­sio­na­do la con­fian­za de los inver­so­res, obli­gan­do a Mark Zuc­ker­berg y a su equi­po direc­ti­vo a eje­cu­tar una revi­sión pro­fun­da de sus prio­ri­da­des. Como resul­ta­do, la com­pa­ñía ha imple­men­ta­do un recor­te pre­su­pues­ta­rio del 30% en sus divi­sio­nes de hard­wa­re inmer­si­vo, acom­pa­ña­do del des­pi­do de más de 1.000 emplea­dos y la can­ce­la­ción de diver­sos pro­to­ti­pos de cas­cos y dis­po­si­ti­vos de reali­dad vir­tual.

El muro de la adop­ción social

Más allá de la cri­sis finan­cie­ra, la falla cen­tral del meta­ver­so fue su inca­pa­ci­dad para conec­tar con el usua­rio pro­me­dio. Mien­tras que pla­ta­for­mas como Hori­zon Worlds se con­vir­tie­ron en espa­cios desier­tos o limi­ta­dos a nichos muy espe­cí­fi­cos, la inte­li­gen­cia arti­fi­cial logró infil­trar­se en la vida coti­dia­na a tra­vés de dis­po­si­ti­vos que las per­so­nas ya poseen.

A dife­ren­cia de los entor­nos inmer­si­vos, que tra­di­cio­nal­men­te han depen­di­do de dis­po­si­ti­vos cos­to­sos, volu­mi­no­sos y poco prác­ti­cos, la IA se des­plie­ga con flui­dez en smartpho­nes y orde­na­do­res. Esta dife­ren­cia fun­da­men­tal ha pro­vo­ca­do que los gran­des cen­tros de datos redi­ri­jan sus recur­sos. La capa­ci­dad de cómpu­to que antes se des­ti­na­ba a la ren­de­ri­za­ción com­ple­ja de mun­dos digi­ta­les aho­ra se con­cen­tra en el entre­na­mien­to de mode­los de len­gua­je y en la gene­ra­ción de con­te­ni­dos inte­li­gen­tes.

No obs­tan­te, este giro no sig­ni­fi­ca una reti­ra­da total de la tec­no­lo­gía inmer­si­va, sino una rede­fi­ni­ción hacia lo útil. Meta pare­ce haber encon­tra­do la cla­ve en los pro­duc­tos híbri­dos. Un ejem­plo cla­ro son las gafas inte­li­gen­tes Ray-Ban Meta, desa­rro­lla­das en cola­bo­ra­ción con el gigan­te ópti­co Essi­lor­Lu­xot­ti­ca. Des­de su lan­za­mien­to en 2023, estas gafas, que inte­gran cáma­ras y asis­ten­cia por voz median­te IA, han ven­di­do más de dos millo­nes de uni­da­des, demos­tran­do que el públi­co pre­fie­re herra­mien­tas que poten­cien su reali­dad actual en lugar de aque­llas que inten­tan sus­ti­tuir­la.

Una nue­va estra­te­gia

La comu­ni­ca­ción inter­na de la empre­sa refle­ja con cla­ri­dad este cam­bio de para­dig­ma. Según infor­mes recien­tes, los pla­nes de pro­duc­ción de Essi­lor­Lu­xot­ti­ca tie­nen la meta de alcan­zar los 10 millo­nes de uni­da­des anua­les para fina­les de 2026. En este con­tex­to, par­te de la inver­sión se está des­pla­zan­do des­de el meta­ver­so hacia dis­po­si­ti­vos por­tá­ti­les con inte­li­gen­cia arti­fi­cial, con­si­de­ra­dos más via­bles y ali­nea­dos con las nece­si­da­des reales del mer­ca­do.

Si bien Meta aún man­tie­ne una cuo­ta del 73% en el mer­ca­do de cas­cos de reali­dad vir­tual, la empre­sa ha deja­do de prio­ri­zar el ais­la­mien­to digi­tal. El apren­di­za­je de los últi­mos cua­tro años sugie­re que el futu­ro inme­dia­to no pasa por sus­ti­tuir la reali­dad con mun­dos digi­ta­les, sino por poten­ciar­la median­te herra­mien­tas inte­li­gen­tes, lige­ras y fun­cio­na­les. Esta pre­mi­sa guía aho­ra el desa­rro­llo de nue­vos pro­duc­tos, como las pró­xi­mas Ray-Ban Dis­play, que inclui­rán pan­ta­llas inte­gra­das sin rom­per la cone­xión visual del usua­rio con su entorno físi­co.

Adver­ten­cias para la era de la IA

La explo­sión de la “bur­bu­ja del meta­ver­so” sir­ve hoy como un pre­ce­den­te incó­mo­do para la indus­tria tec­no­ló­gi­ca, espe­cial­men­te en un momen­to en que la inte­li­gen­cia arti­fi­cial dis­fru­ta de un entu­sias­mo simi­lar. Ana­lis­tas y exper­tos coin­ci­den en que la IA ya ha demos­tra­do impac­tos medi­bles en pro­duc­ti­vi­dad y crea­ción de valor que el meta­ver­so nun­ca pudo cer­ti­fi­car. Sin embar­go, el recuer­do de las pro­me­sas incum­pli­das de 2021 pone el dedo bajo la adver­ten­cia de que nin­gu­na inno­va­ción es inmu­ne a la sobre­ven­ta.

El meta­ver­so fue pre­sen­ta­do duran­te años como un des­tino inevi­ta­ble, res­pal­da­do por pro­yec­cio­nes de adop­ción masi­va que pasa­ron por alto las fric­cio­nes téc­ni­cas y la fal­ta de una pro­pues­ta de valor cla­ra para el ciu­da­dano común. Al final, la uti­li­dad coti­dia­na se impu­so sobre las visio­nes futu­ris­tas difí­ci­les de ate­rri­zar.

La lec­ción para las empre­sas en 2026 es evi­den­te: el mer­ca­do no se que­da a la espe­ra de las pro­me­sas de lar­go pla­zo si no vie­nen acom­pa­ña­das de bene­fi­cios tan­gi­bles en el pre­sen­te. La inte­li­gen­cia arti­fi­cial avan­za aho­ra bajo una lupa mucho más crí­ti­ca, cons­cien­te de que el entu­sias­mo des­me­di­do pue­de ser tan peli­gro­so como la fal­ta de inno­va­ción. La era de la expe­ri­men­ta­ción desen­fre­na­da en mun­dos vir­tua­les pare­ce haber dado paso a una eta­pa de efi­cien­cia y prag­ma­tis­mo tec­no­ló­gi­co.

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