Cómo eliminar los cuellos de botella en el marketing: la nueva era del merchandising sin fricciones

Cómo eliminar los cuellos de botella en el marketing: la nueva era del merchandising sin fricciones
En el actual eco­sis­te­ma empre­sa­rial, don­de la satu­ra­ción digi­tal obli­ga a las mar­cas a bus­car pun­tos de con­tac­to físi­cos más sig­ni­fi­ca­ti­vos, el mer­chan­di­sing cor­po­ra­ti­vo ha deja­do de ser un actor secun­da­rio para con­ver­tir­se aho­ra en un pro­ta­go­nis­ta de la estra­te­gia de comu­ni­ca­ción. Sin embar­go, este ascen­so ha pues­to en evi­den­cia una grie­ta pro­fun­da en las orga­ni­za­cio­nes: la fal­ta de pro­ce­sos pro­fe­sio­na­les. Según un recien­te infor­me sec­to­rial sobre la ges­tión de acti­vos tan­gi­bles, la tran­si­ción hacia un mer­chan­di­sing sin fric­cio­nes es hoy la prio­ri­dad núme­ro uno para los depar­ta­men­tos de mar­ke­ting que bus­can pro­te­ger su recur­so más esca­so: el tiem­po.

El fin de la era reac­ti­va

His­tó­ri­ca­men­te, la com­pra de artícu­los pro­mo­cio­na­les se ha ges­tio­na­do bajo una lógi­ca de emer­gen­cia. Ya sea para una feria comer­cial inmi­nen­te o un even­to de emplo­yer bran­ding, la res­pues­ta solía ser la impro­vi­sa­ción. Este mode­lo, sin embar­go, ha demos­tra­do ser insos­te­ni­ble e impro­duc­ti­vo. Como bien seña­la el aná­li­sis de la indus­tria, “ese enfo­que impro­vi­sa­do sue­le cho­car con la reali­dad ope­ra­ti­va de los equi­pos, que deben coor­di­nar pro­vee­do­res, vali­dar dise­ños, con­tro­lar pre­su­pues­tos y ase­gu­rar entre­gas sin afec­tar a otros pro­yec­tos estra­té­gi­cos”.

El entuer­to no está el obje­to en sí: el bolí­gra­fo, la mochi­la o la libre­ta, sino en la car­ga admi­nis­tra­ti­va que arras­tra. Cada pedi­do mal pla­ni­fi­ca­do se con­vier­te en un “agu­je­ro negro” de correos elec­tró­ni­cos, revi­sio­nes de logo­ti­pos en for­ma­tos inco­rrec­tos y nego­cia­cio­nes de últi­ma hora que ele­van los cos­tes de for­ma injus­ti­fi­ca­da. Cuan­do la visi­bi­li­dad de una mar­ca depen­de de una cade­na de deci­sio­nes apre­su­ra­das, el resul­ta­do sue­le ser un cue­llo de bote­lla que des­gas­ta al talen­to interno y dilu­ye la cohe­ren­cia del men­sa­je cor­po­ra­ti­vo, acer­cán­do­se a resul­ta­dos incon­gruen­tes con el esfuer­zo inver­ti­do.

La efi­cien­cia: el nue­vo KPI del mar­ke­ting

Fren­te a este des­gas­te esté­ril, las empre­sas han comen­za­do a apli­car métri­cas de ren­di­mien­to a sus pro­ce­sos de com­pra. Ya no se tra­ta solo de cuán­to cues­ta el pro­duc­to uni­ta­rio, sino de cuán­to cues­ta pro­ce­sar ese pedi­do en horas de tra­ba­jo. Bajo esta pre­mi­sa, “hablar de efi­cien­cia impli­ca defi­nir pro­ce­sos, res­pon­sa­bles y cri­te­rios de deci­sión cla­ros, evi­tan­do impro­vi­sa­cio­nes recu­rren­tes”.

La estan­da­ri­za­ción apa­re­ce como la herra­mien­ta de sal­va­ción. Al limi­tar el catá­lo­go a pro­duc­tos pre­via­men­te vali­da­dos, las empre­sas con­si­guen un doble bene­fi­cio: ase­gu­ran la cali­dad téc­ni­ca y agi­li­zan la logís­ti­ca. Este enfo­que per­mi­te que la ges­tión efi­cien­te del mer­chan­di­sing pase de ser un con­cep­to teó­ri­co a un sis­te­ma ope­ra­ti­vo real. Cuan­do el inven­ta­rio está cen­tra­li­za­do y los cri­te­rios de dise­ño están fija­dos, el equi­po de mar­ke­ting pue­de cen­trar­se en la estra­te­gia crea­ti­va, dejan­do la eje­cu­ción en manos de flu­jos de tra­ba­jo auto­ma­ti­za­dos.

La psi­co­lo­gía de lo coti­diano y el retorno de la inver­sión

Uno de los pun­tos más intere­san­tes del infor­me es el giro hacia lo fun­cio­nal. En pasa­dos años, la ten­den­cia dic­ta­ba bus­car el obje­to más ori­gi­nal o tec­no­ló­gi­co, muchas veces a cos­ta de su uti­li­dad real. En 2026, la ten­den­cia se ha inver­ti­do. Los artícu­los de alta rota­ción, como mochi­las téc­ni­cas o pape­le­ría de cali­dad, ofre­cen un retorno mucho más esta­ble.

Es decir, los pro­duc­tos de uso dia­rio gene­ran menos inci­den­cias en la pro­duc­ción y son más fáci­les de per­so­na­li­zar a esca­la. Ade­más, per­mi­ten un cam­bio de enfo­que en la inver­sión crea­ti­va. Según los exper­tos, “la crea­ti­vi­dad se des­pla­za del pro­duc­to al con­cep­to, lo que sue­le resul­tar más efi­caz y menos cos­to­so para los equi­pos”. Es decir, no hace fal­ta inven­tar un obje­to nue­vo, sino dar­le un sig­ni­fi­ca­do nue­vo a un obje­to que el usua­rio real­men­te va a con­ser­var.

El “brie­fing” como antí­do­to con­tra los erro­res

Si hay un ele­men­to que sepa­ra una cam­pa­ña exi­to­sa de un desas­tre logís­ti­co es la cla­ri­dad en la fase ini­cial. El infor­me es tajan­te al res­pec­to: un buen brie­fing redu­ce dudas, evi­ta cam­bios de últi­ma hora y agi­li­za la pro­duc­ción. Sin una defi­ni­ción exac­ta del públi­co obje­ti­vo y el con­tex­to de uso, las deci­sio­nes tien­den a dila­tar­se, pro­vo­can­do que los pedi­dos entren a taller con pla­zos impo­si­bles que dis­pa­ran los erro­res de impre­sión o los recar­gos por trans­por­te urgen­te.

Esta cla­ri­dad, ade­más de bene­fi­ciar al equi­po interno, tam­bién es el pilar fun­da­men­tal para la cola­bo­ra­ción con ter­ce­ros. En un mer­ca­do don­de la exter­na­li­za­ción de ser­vi­cios logís­ti­cos y de com­pras es la nor­ma, la pre­ci­sión es la úni­ca garan­tía de con­trol. Al res­pec­to, el docu­men­to acla­ra que “exter­na­li­zar no sig­ni­fi­ca dele­gar sin con­trol, sino apo­yar­se en pro­ce­sos cla­ros y medi­bles”. En con­so­nan­cia, las pla­ta­for­mas digi­ta­les que hoy cen­tra­li­zan el mer­chan­di­sing per­mi­ten a las mar­cas man­te­ner la super­vi­sión de su iden­ti­dad visual (colo­res Pan­to­ne, tipo­gra­fías, áreas de reser­va) sin tener que ges­tio­nar cada inter­ac­ción con la fábri­ca.

Un sis­te­ma de cono­ci­mien­to acu­mu­la­do

Final­men­te, la pro­fe­sio­na­li­za­ción del sec­tor exi­ge que el mer­chan­di­sing sea tra­ta­do como cual­quier otro canal de mar­ke­ting digi­tal: con datos. El regis­tro de pro­vee­do­res, el his­tó­ri­co de cos­tes y el aná­li­sis de resul­ta­dos son acti­vos que la empre­sa debe rete­ner. Como se seña­la, “el cono­ci­mien­to acu­mu­la­do evi­ta repe­tir erro­res y ace­le­ra nue­vos pro­yec­tos, algo espe­cial­men­te valio­so en equi­pos con rota­ción de per­so­nal”.

El paso de ver el mer­chan­di­sing como una “car­ga” a ver­lo como un “acti­vo” requie­re un cam­bio de men­ta­li­dad. Las orga­ni­za­cio­nes que han imple­men­ta­do sis­te­mas de pre­vi­sión, como uni­fi­car pedi­dos de dis­tin­tos depar­ta­men­tos para obte­ner eco­no­mías de esca­la, han repor­ta­do una reduc­ción drás­ti­ca en el estrés ope­ra­ti­vo. El éxi­to, por tan­to, resi­de en la tran­si­ción de la urgen­cia a la ges­tión. El infor­me con­clu­ye con una visión opti­mis­ta pero rea­lis­ta de lo que sig­ni­fi­ca ges­tio­nar una mar­ca en el mun­do físi­co: “un sis­te­ma bien defi­ni­do redu­ce la impro­vi­sa­ción y pro­te­ge al equi­po de estas diná­mi­cas”.

En defi­ni­ti­va, en una indus­tria don­de el tiem­po es el acti­vo más valio­so, la capa­ci­dad de una mar­ca para trans­mi­tir su iden­ti­dad a tra­vés de un obje­to físi­co sin gene­rar fric­cio­nes inter­nas es lo que sepa­ra a las empre­sas efi­cien­tes de las que sim­ple­men­te sobre­vi­ven al caos. Como sen­ten­cia el aná­li­sis, alcan­zar “menos estrés interno, mayor cohe­ren­cia y una eje­cu­ción más ágil” es el resul­ta­do direc­to de pro­fe­sio­na­li­zar cada esla­bón de la cade­na.

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